Laura Bruzzone. La mujer de los Caballos

Un caballo, un mundo.
En uno de los últimos viajes de Gulliver (mítica novela de Jonathan Suiwft) el personaje central conoce a un caballo y se da cuenta de que estos animales - en su lenguaje: Houyhnhnm- que quiere decir de naturaleza perfecta - son los gobernantes y las deformes criaturas llamadas Yahoos, son seres humanos salvajes. Gulliver se convierte en miembro de la compañía de los caballos y llega tanto a emular como a admirar a los Houyhnhnm y su estilo de vida, rechazando a los humanos como seres dotados de una apariencia de razón que sólo utilizan para exacerbar los vicios que la Naturaleza les dio.
Un poco de esta fascinación, no al extremo, viven las personas dedicadas a la equitación, como algo profundo. Una de ellas es Laura Bruzzone, joven de Rivadavia.
“ La equitación es un binomio entre jinete y caballo -nos dice Laura- es uno de los deportes más antiguos que existen, usado en el arte de la guerra, como medio de transporte y para trabajos rurales, luego fue teniendo múltiples campos de acción.”
“ De pequeña, (creo que ya a los tres años), lo único que quería era tocar un caballo, ni bien pude mi abuelo me inició haciéndome montar. Estando en Córdoba, en la primaria, con la plata extra que me daban para la escuela, ahorraba y me alquilaba un caballo el fin de semana, ni siquiera para montarlo si no para conocerlo: darle de comer, tocarlo, ir estableciendo ese vínculo imprescindible al que mi abuelo Hugo Furlani, llamaba “comunicación”.
“En los viejos tiempos (tengo la esperanza de que no suceda hoy con tanta frecuencia), se creía que el animal debía amansarse a los golpes. Los indios, desde un conocimiento muy relacionado con la naturaleza, sabían que no era así, hombre y animal establece un binomio, casi una sola cosa entre los dos, una comunicación, en cinco minutos esto es posible, cuando esto se establece, el caballo se entrega, no opone resistencia, sigue a su “ líder “porque le inspira ese respeto, hay caballos cuyo temperamento también es de líder pero reconocen al humano como un igual. Si de entrada este vínculo se rompe por nervios, agresividad de parte del domador, se demorará casi un mes en restablecerse.”
Amansar
Mi abuelo: Hugo Furlani, quién vivió casi toda su vida en Rivadavia, gran deportista, “genio” y por sobre todo sensible, fue el que primero me enseñó el contacto con los caballos., hace un tiempo tuve la emoción de participar en un curso de “ Doma India”, escuchando hablar al preparador, recordé expresiones casi iguales a las de mi abuelo: establecer comunicación, una vez que esto pasa, que se da, el animal te sigue sin forzarlo: puede traer cosas, bailar, saltar, quedarse quieto con vos parado encima e infinitas cosas, son muy inteligentes”
“Actualmente en Buenos Aires estoy amansando y entrenando caballos de salto. He amansado caballos Frisones, los primeros en llegar a la Argentina, de Holanda dos padrillos, y un Gipis (caballos gitanos) que fueron presentados en la Rural.
“Dentro de mis planes está tener, en algún, momento mi propia escuela de doma.”
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